La crisis de la política
Por Ricardo Rouvier - Sociólogo
 

A partir de la administración nacional actual, la política - después del colapso del 2001 - volvió a restaurarse con cierto vigor. Su potencialidad hoy está más expresada en el oficialismo que en la oposición, y mucho más concentrada en la figura del Pte. Kirchner. No obstante, la política sigue mal, manteniendo prácticas y formas vinculadas con un pasado al cual el país no debería regresar. La opinión pública -la misma que consagra a algunas figuras políticas en detrimento de otras- mantiene, sobre la política en general y sobre otras instituciones públicas en particular (como la Justicia, el Parlamento, etc.) una gran desconfianza, una fuerte crítica y, en el peor de los casos, una creciente indiferencia. Las instituciones de la República que son centralmente el ámbito de la política profesional, no tienen hoy la legitimidad suficiente como para cumplir su servicio al bien común. Comparado con otras instituciones tales como la Iglesia, la educación pública y privada y la prensa, los políticos se ubican casi al final del ranking, aunque un poco mejor que en años anteriores.

Este distanciamiento que hay entre el espacio público y la sociedad civil, podría estrecharse si se pusiera énfasis en una reforma profunda de la actividad y en dinamizar la participación popular. La personalización que se produce simultáneamente con la decadencia de los Partidos Políticos, concentra en personas y no en instituciones, la decisión sobre vida y obra de la ciudadanía. De este modo, cada dirigente reúne supuestamente en sí, el pensar y el hacer de la Nación, lo que es imposible si no se mantienen estructuras intermedias como vasos comunicantes entre el poder y la fuente soberana del poder.

La realización de la democracia no se completa con el voto popular, aunque es una columna fundamental, pero se requiere también sumar las energías, la voluntad y la creatividad de un pueblo en función de su bienestar económico y cultural. El pluralismo es conatural al sistema político y no debe ser una excepción el respeto por el disenso. Por el contrario, los momentos más pobres de la política son aquellos en los cuales se inunda de autoritarismo, pensamiento único y silencio obediente.

La Argentina ha recuperado la democracia formal; ahora tiene una gran tarea por delante, profundizarla. Es imposible cumplir ese objetivo sin recurrir a la política, y no solamente de los profesionales, sino también de los vecinos, los ciudadanos comunes. El país no debe dejar que los escombros del 2001 le atasquen el camino. Es urgente despejar la senda y reestablecer las organizaciones políticas y sociales para que sean verdaderamente representativas del pueblo; de este modo los intereses de la Nación y de los ciudadanos estarán suficientemente cuidados.

 


Año 1 Nº 1

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